Auténtica Iglesia Cristiana de Sabiduría Paulina

Oraciones Paulinas

ORACIONES PAULINAS

“Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados.”

Romanos 2:13

1.- INTRODUCCIÓN

Nuestro Dios NO ES un “Dios celoso y castigador”, que castiga los pecados de los padres en sus descendientes hasta la cuarta generación (tataranietos) y ordena homicidios y genocidios, tal como lamentablemente siguieron haciéndolo los ortodoxos católicos.

Sino que es un verdadero Dios, recto, justo, generoso, misericordioso... Porque aplica la Justicia y no la venganza, no es “celoso” pues los celos implican egoísmo y otras debilidades humanas.

Él es el Justo Juez, por tanto tiene el equilibrio entre rigor y misericordia... ¡Cero celos y venganzas!

Y no “delega facultades” para aplicar justicia o dar el perdón de los pecados en los sacerdotes, pastores y obispos...

Ese verdadero Dios —EL, Elohim, Jehová, Adonay, Shadday o como quiera llamársele— siempre busca auxiliarnos para caminar con rectitud ante su presencia y poder ser depósitos limpios de su Divina Gracia.

Él siempre está dispuesto a tendernos la mano, por eso hace salir el sol todos los días sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos...

Y en nuestras manos, en nuestra voluntad, está aceptar esa mano generosa y tenderle un puente hasta nuestro corazón, para que pueda descender su excelsa Luz hasta nosotros... y redimirnos. ¡Aleluya!

Cada vez que hacemos oración, cada vez que hacemos alabanzas y veneraciones —sea individualmente o en grupo—, cada vez que practicamos nuestros ritos cristianos paulinos, cada vez que cumplimos con los Diez Mandamientos, cada que perdonamos a nuestros deudores u ofensores...

Cada vez que nos negamos a sí mismos, cada vez que respetamos la cruz del Matrimonio Cristiano siguiendo el capítulo 15 de Levítico...

Cada vez que practicamos la caridad, cada vez que servimos desinteresadamente a la humanidad, les estamos tendiendo un puente al Padre celestial y a su Hijo el Cristo, para que —algún feliz día— hagan su nido en nuestros corazones. Amén.


2.- LA PRÁCTICA DE LA FE Y LA CONFESIÓN

La Gloria del Señor habitando dentro de nosotros, y su consecuencia, la Paz del corazón tranquilo, no se obtienen por los supuestos altos méritos cristianos que según nosotros tenemos, o por nuestra supuesta “gran fe”.

La que —también supuestamente— va a generar que la gracia de Dios o del Cristo se derrame sobre nuestras pecadoras personas, so-la-men-te por su misericordia, por “obra” de Dios mismo, o por la sangre derramada de su Hijo, y no precisamente por causa de nuestros esfuerzos en hacer la voluntad del Padre, en cumplir con sus mandamientos.

Es decir, nuestros pecados serán perdonados y seremos salvos, muy a despecho de nuestras pésimas “obras” pecadoras, sino que muy cómodamente, “sólo” por nuestra —supuestísima— gran fe, o por su “sola” gracia o misericordia del Cristo o de Dios.

Pues a final de cuentas, por más esfuerzo que hagamos en “guardar la palabra del Cristo” (Juan 14:23-27 y 15:31), es decir, “sus Mandamientos” (1ª Juan 2:4-6), según esto es imposible la salvación... ¡Qué belleza de comodidad y lasitud “espiritual”!

Empero, no hay Fe verdadera sin que lleve aparejado el cumplimiento de la Ley Sagrada y sus elevadas obras —la Ley Superior del Sinaí y no los simples mitzvot o formalidades ritualísticas.

Así como tampoco hay verdadero cumplimiento de la Ley sin la Fe, la que nos da vida y aliento interior para cumplir su palabra, sus mandamientos.

“Sólo” cuando se aplican conjuntamente la Fe y el cumplimiento de la Ley, se logra la verdadera gracia...

Y mucho menos nuestros pecados —o transgresiones a la Ley de Dios— serán “perdonados” por los clérigos, los supuestos “administradores de Dios” en la tierra, con unas dizque “severísimas penitencias” de rezos —que no oraciones— de credos, rosarios, padresnuestros y avesmarías.

Sin embargo, sabemos que tal “sacramento” de la confesión no fue establecido por el Cristo, sino por las jerarquías católicas en el Cuarto Concilio de Letrán en 1215, y así se tuvo el control mental y chismográfico de los fieles y una mayor sumisión de éstos.

En verdad respetamos mucho a aquellas personas sencillas, de buena fe y de buen corazón, quienes creen que unos pecadores iguales o peores que nosotros van a perdonar nuestros pecados… Según sea su fe y su devoción recibirán el auxilio divino.

Asimismo, no juzgamos a las personas de los clérigos actuales por hechos o reglas establecidas hace ocho siglos, o si se quiere, hace diecisiete siglos (Concilio de Nicea en 325), cuando se estableció el dogma de que eran “representantes de Dios” en la tierra… Y ¡qué le vamos a hacer!, así recibieron su “tradición”.

La versión que aparece en Juan 20:22-23, el último de los evangelios, escrito entre los años 90-110, es decir, de 53 a 73 años después de la resurrección del Cristo, no es aceptable como excusa o argumento para perdonar pecados, y en su caso, sólo sería aplicable por aquellos verdaderos apóstoles del Cristo y nunca por los que se creen sus representantes legales.

De ser cierto lo que afirma el texto interpolado de Juan 20:22-23, “A los que remitiereis [perdonareis] los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, serán retenidos”, pues en tal caso la confesión se hubiera establecido por el mismísimo Cristo o por los apóstoles desde el principio del cristianismo, es decir, desde el siglo primero...

Pero tardó doce siglos (hasta 1215) en “santificarse” por las jerarquías católicas, que ordenaron la confesión obligatoria —al menos una vez al año— de los fieles, para lograr aquella tan anhelada “salvación”...

¡Que Dios les pague según sus obras!, como dice el Apóstol de los Gentiles (2ª Timoteo 4:14).

Por otra parte, lo expresado en Juan 20:22-23, no se ratifica en ningún otro evangelio, aunque pretendan asimilarlo a lo que dice Mateo 16:19 y 18:18, sobre “atar y desatar” en la tierra y su supuesta correspondencia en los cielos.

Pues tal potestad o autorización —en el remotísimo caso de ser cierta— sólo atañe al Apóstol Pedro. Sin duda ambas citas son interpolaciones muy evidentes.

En efecto, el evangelio de Marcos, el más antiguo de todos, no hace mención de estas autorizaciones para perdonar pecados, ni para atar y desatar en cielos y tierra.

Las epístolas del bendito Apóstol tampoco registran la confesión de los pecados —mortales y veniales— o la potestad de los simples humanos pecadores para perdonar los pecados, sustituyéndose en Dios.

Ni tampoco registra la facultad de los clérigos para atar y desatar en cielos y tierra.

Y evidentemente, sus epístolas son anteriores a todos los evangelios, pues van de los años 50 (1ª Tesalonicenses) al 58 (2ª Timoteo).

Compárese con los evangelios canónicos: Marcos, de los años 68 a 73; Mateo, de 70 a 100; Lucas, de 80 a 100; y Juan de 90 a 110.

Tampoco se registra tal “autorización” para perdonar los pecados como si fuésemos Dios mismo, o para “atar y desatar” en cielos y tierra, en el evangelio de Lucas, discípulo del Apóstol Pablo, quien compendió de primera mano algunas enseñanzas y hechos del Cristo...

Carece de toda lógica y se opone totalmente al sentido común, que el Cristo y su Padre celestial, transmitan, transfieran o “deleguen” la facultad de —nada menos— perdonar los pecados, a unos simples mortales, por más que sean sus discípulos, y mucho menos a los clérigos —pecadores iguales o peores que nosotros— doce siglos después...

En definitiva, única y exclusivamente el Cristo y su Padre celestial pueden perdonar nuestros pecados...

Es mucha arrogancia creer que somos “delegados” o “representantes legales” o espirituales del Cristo y de Jehová...

Y es mayor arrogancia todavía pensar que un humano igual o —normalmente— peor que nosotros, pueda perdonar los pecados, sustituyéndose en el Todopoderoso (Shadday).

Por lo visto, seguimos bajo la influencia de la serpiente tentadora del Edem, pues claramente le dijo a Eva que el Señor les prohibía comer el fruto prohibido, porque “se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal” (Génesis 3:5).

La tendencia a ser como los dioses, de igualarnos a los dioses —la horrible mitomanía—, sigue siendo el principal pecado de las altas jerarquías eclesiásticas —y de las pequeñas también— cualquiera que sea la iglesia...

Y algunas de esas jerarquías eclesiásticas hasta se arrogan la potestad divina de “perdonar los pecados”.

Con todo respeto y cortesía, afirmamos enfáticamente que no aceptamos los dogmas, ya sean protestantes, católicos (ortodoxos en general) o heterodoxos.

Buscamos seguir al Cristo y su Apóstol Pablo, y no al sanedrín ni a los papas, ni tampoco seguimos dogmáticamente a Lutero, por más que lo respetemos y admiremos.

Y lamentamos disentir con nuestro valiente y muy revolucionario sabio alemán, pues la Sola Fide que sustentó, es “sólo” una “interpretación” y no un “dogma” protestante, mucho menos una verdad absoluta.

Absoluto “sólo” EL ABSOLUTO...

El Apóstol Pablo les dio el mismo rango y jerarquía espiritual y teológica, tanto a la Fe como a la Esperanza y a la Caridad.

Por tanto, consideramos que no únicamente por la “Sola” Fe se alcanza la salvación, sino también por la Esperanza y por la Caridad —según nos asegura el Apóstol Pablo—, brillantes virtudes tan olvidadas en este mundo traidor (1ª Corintios 13:13).

Y también nosotros podemos disentir respetuosamente y criticar a Lutero, que de eso se trata el protestantismo, de no aceptar los dogmas católicos-ortodoxos-romanos, y tener la mayor libertad para interpretar la Biblia y a sus comentaristas.

En síntesis: Resulta muy cómodo dejar en manos de Dios la salvación sólo por nuestrasupuesta“gran fe” o por la sola gracia o la sola “intervención” del Cristo o por la sola “gloria de Dios”, sin mayor esfuerzo en cumplir con sus Diez Mandamientos, so pretexto de que son las “obras de la ley” que menciona el bendito Apóstol Pablo.

Como también resulta bastante cómodo creer que nuestros pecados serán perdonados por el cura, un pecador tanto o más que nosotros.

Las malas obras sólo se borran con buenas obras.

El verdadero arrepentimiento siempre se expresa en la realización de buenas obras.

Empero, pretextos sobran para evitar la negación de sí mismos —de nuestro Satán interior— y auto-engañarnos, creyendo que tenemos “agarrado a Dios de las barbas”.

Y en definitiva, para auto-exonerarnos, pensando ilusamente que nos salvaremos “sólo” por nuestra muy “linda y bonitilla cara cristiana”...

Orar es dirigirse a la Divinidad.
"Es dialogar con quien te ama y desea lo mejor para tí".

La oración viene a ser la forma de ese diálogo.

Existen oraciones con formas o fórmulas mágicas preestablecidas y otras de forma libre, que brotan espontáneas del corazón y del pensamiento.

Lo bueno es que ambas formas adquieren validez por el ánimo sincero del rogante.

3.- ORACIÓN

Nuestra Sagrada Iglesia —siguiendo el amor misericordioso del Cristo— jamás pone límites para las oraciones, adoraciones y veneraciones al Altísimo y sus benditas Jerarquías.

Por tanto, son bienvenidas todas las oraciones, plegarias, adoraciones y veneraciones cristianas, sean ortodoxas, protestantes, heterodoxas o coptas, pues tomamos lo bueno y dejamos lo malo de tales corrientes del pensamiento cristiano, según nos enseñó el bendito Apóstol (1ª Tesalonicenses 5:21).

Nuestro amado Señor Jesucristo nos quiere a todos buenos y malos por igual, hombres y mujeres, sin distingos de edad, sexo, raza, educación, condición social, religión o creencia, etc.

Y nos convida a ser como nuestro Padre celestial, que nos quiere a todos buenos y malos por igual —entre ellos nosotros, comprobable según sea la calidad de nuestros pensamientos— y hace salir el Sol y también llover sobre justos e injustos.

Con toda sinceridad buscamos el perdón de Dios… Y no se puede lograr peleando entre cristianos o contra otras muy venerables religiones.

Los cristianos tenemos que perdonar y ser tolerantes si queremos dar ejemplo de —VERDADERO— Cristianismo.

Asimismo, evitamos caer en el dogmatismo, el fanatismo y la mitomanía, e imponer rigideces eclesiásticas.

Por el contrario, ejercemos la caridad del Cristo y entregamos su Sabiduría, su bendita Enseñanza, sin pedir ni exigir nada a cambio...

Aquí no hay peticiones ni exigencias de diezmos, ni primicias ni ofrendas.

Y con mucho gusto y alegría servimos a la humanidad de manera desinteresada, tal como nos dieron ejemplo nuestro Señor Jesucristo y su Apóstol Pablo.

Entendemos que para lograr un servicio sincero y honesto para los demás, debemos seguir el ejemplo de Cristo perdonando a nuestros deudores; esos contra quienes tenemos rencor y ánimo de venganza y decimos: me la debes y me la tienes que pagar.

Para que así también nuestro Padre que está en los cielos perdone nuestros pecados, de seguro mucho más graves que las faltas u ofensas de nuestros pobres deudores...

Ciertamente, en la medida que perdonemos seremos perdonados (Mateo 6:14-15).

El Cristo hizo remisión de nuestros pecados, porque nos dio las herramientas para poder lograrlo, y se sacrificó una sola vez como está escrito y no se sacrifica todos los días conforme la tradición judía.

Por tanto, aclaramos que el verdadero perdón de los pecados surge con la PRÁCTICA CONTINUA de la Enseñanza súper-sustancial que nos entregó el Cristo.

¡Ahí está la verdadera redención y el perdón de los pecados!

Y por la más absoluta y congruente consecuencia, su bendita Enseñanza y el cumplimiento de la misma —“guardar su Palabra”—, es lo que en verdad nos otorga la salvación y el perdón de los pecados, y no solamente su muerte y su sangre derramada...

Su sacrificio en la cruz fue por defender la Enseñanza de su Padre que está en los cielos, y al efecto, tuvo que pasar por ese terrible proceso de muerte y resurrección del “Drama Crístico”.

Por consiguiente, su sacrificio por sí mismo —per se— no va a salvar nuestras almas, ni va lograr el perdón de nuestros pecados.

El perdón de nuestros pecados se obtiene en la medida en que perdonemos a nuestros deudores y actuemos con rectitud en pensamiento, palabra y obra...

Porque el Justo Juicio de Dios pagará a cada cual según sus obras, según nos enseñaron tanto nuestro Señor Jesucristo como su Apóstol Pablo.

Por eso nuestra bendita ORACIÓN-MEDITACIÓN PAULINA DE LA AUTO-CORRECCIÓN —PARA NORMALIZAR LA MENTE— busca antes que nada, fortalecer la capacidad de perdonar nuestros propios errores y los errores de los demás.

Pues si no perdonamos, vivimos con el corazón herido por las espinas de las pasiones, de la revancha, la venganza, el desquite... y no hay paz ni sosiego en nuestras vidas.

Tendremos que aprender a perdonar, tal como nos enseña el Cristo, si en realidad de verdad queremos ser cristianos de corazón.

Y no solamente cristianos del intelecto o de la memoria, ni de la retórica y la oratoria de siempre, o los simples convencionalismos sociales del club-social-iglesia... Mucho menos del auto-engaño de creernos el pueblo elegido.


4.- CITAS BÍBLICAS IMPORTANTES

La palabra orar viene del latín orare, “hablar, pedir, rogar”. Por tanto, orar es “hablar con Dios”, “pedirle a Dios” o “rogarle a Dios”. En hebreo se dice tefilá.

Aunque a menudo se usan como sinónimos, la diferencia entre plegaria y oración consiste en la intención y el contexto. La plegaria, es una forma de súplica o ruego a la divinidad, a menudo formal y de contexto o carácter más ritual.

La oración, históricamente, es una comunicación más amplia con Dios o con los dioses de las distintas religiones, con los ángeles o con una persona sagrada o santificada...

La oración puede incluir, no sólo la súplica o ruego de la plegaria, sino también adoración, veneración, intercesión, agradecimiento, éxtasis, etc.

● Para todos los efectos, hacemos una somera citación de algunos pasajes del Nuevo Testamento sobre la oración:

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones [esquinas] de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.

Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

[* Ese público es el de los mundos superiores, los sefirotes más allá de Malkuth (Maljút) o mundo físico, pues el reino del Señor no es de este mundo, y en su reino es donde realmente importan las recompensas espirituales, aunque también pueden reflejarse en el mundo físico, pues el Padre todo lo puede.]

Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos por su palabrería.

Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis.” (Mateo 6:5-8)

“Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21:22)

“Y cuando os pongáis de pie para orar [según la tradición judía, ahora con el cristianismo puede ser también de rodillas], si tenéis algo contra alguien, perdonadle, para que vuestro Padre que está en los cielos también os perdone a vosotros vuestras ofensas.

Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” (Marcos 11:25-26)

“Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Marcos 14:38)

“Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte a otra.

No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor.” (Santiago 1:6-7)

“Y ésta es mi oración: que vuestro amor abunde aun más y más en conocimiento y en todo discernimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles en el día de Cristo, llenos del fruto de justicia, fruto que viene por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” (Filipenses 1:9-11)

Perseverad siempre en la oración, vigilando en ella con acción de gracias.

A la vez, orad también por nosotros, a fin de que el Señor nos abra una puerta para la palabra, para comunicar el misterio de Cristo, por lo cual estoy aún preso.” (Colosenses 4:2-3)

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis el Espíritu.

No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Apartaos de toda especie de mal.” (1ª Tesalonicenses 5:16-22)


5.- EL PADRENUESTRO Y LA SALVE O EL AVEMARÍA

El evangelio de Mateo en su capítulo 6, versos 9-13, nos dice enfáticamente: “Vosotros, pues, orad así:

Padre Nuestro que estás en los cielos:
Santificado sea tu nombre,
Venga tu reino,
Hágase tu voluntad, así en el cielo y en la tierra.
El pan nuestro de cada día [supersubstancial], dánoslo hoy.
Y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos metas en tentación,
Mas líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén.”

[Esta última parte se adiciona en algunas publicaciones de la Biblia de la traducción Reyna-Valera, incluso muchos alquimistas y cabalistas empleaban las palabras hebreas correspondientes al árbol sefirótico ―con sincretismo judeo-cristiano― y así llaman al reino Malkuth, al poder Chesed y a la gloria Gebura.

Decíase así: “Tibi sunt Malkut [Maljút], Chesed [Jésed] et Gebura [Gueburá] per aeonas. Amen.”

En realidad, la oración del Cristo ha sufrido pocos cambios a lo largo de los siglos y de ordinario se mezclan las versiones de los exaltados evangelistas Mateo y Lucas, pero es un hecho que muchas de las versiones de la Vulgata ―traducción de san Jerónimo de la Biblia, del griego y hebreo al latín vulgar, de donde le viene su nombre― donde consta el pasaje de Mateo 6:11, y dice claramente: “El pan nuestro supersubstancial, dánoslo hoy.”

A continuación exponemos varias versiones de esta sagrada oración, sólo para efectos de ilustración, porque entendemos que lo mejor es orar con devoción, con el corazón, cualquiera que sea la versión que uno adopte.

La versión de arriba, aunque basada en la Biblia Reyna-Valera, procura ser lo más literal posible de su traducción del latín.

Y sólo por razones históricas, se decidió incluir en la traducción, de manera preferente, las palabras de Lucas: “El pan nuestro de cada día [cotidiano] dánoslo hoy”, en vez de “El pan nuestro supersubstancial, dánoslo hoy”, de la transcripción de Mateo 6:11, en la versión moderna de la Vulgata.

En todo caso, la sagrada oración se basa fundamentalmente en el evangelio de Mateo.

El lector podrá juzgar a su arbitrio... Lo importante es orar con la voz del corazón, sea cualquiera la forma que adopte la bella palabra.

♦ Vulgata

Evangelium secundum Mathaeus (6:9-15)
“Pater noster qui in caelis es
sanctificetur nomen tuum
veniat regnum tuum
fiat voluntas tua sicut in caelo et in terra
panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie
et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimisimus debitoribus nostris
et ne inducas nos in temptationem
sed libera nos a malo.”[Amen]

♦ Vulgata:

Evangelium Secundum Lucas (11:2-4)
“Pater sanctificetur nomen tuum
adveniat regnum tuum
panem nostrum cotidianum da nobis cotidie
et dimitte nobis peccata nostra siquidem et ipsi dimittimus omni debenti nobis
et ne nos inducas in temptationem.” [Amen]

♦ Católico: (que combina ambas versiones, tomado de una obra devocional del siglo XVIII)

Pater noster, qui es in caelis:
sanctificetur nomen tuum:
adveniat regnum tuum:
fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra.
Panem nostrum quotidianum da nobis hodie:
et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.
Et ne inducas nos in temptationem:
sed libera nos a malo. Amen

● EL AVEMARÍA O LA SALVE.

Esta oración a la Madre Divina, bajo su advocación como Miriam o María, la Madre del Salvador, juntamente con el Padrenuestro, son las oraciones fundamentales para muchas iglesias cristianas… plegarias que respetamos profundamente y practicamos. El Avemaría consta de tres partes:

  • La primera, proviene del saludo del Ángel del Señor (la Anunciación) que se describe en Lucas 1:28:
    “Y entrando el Ángel a [donde estaba] ella dijo, Gozo hayas amada, el Señor es contigo. Bendita tu entre las mujeres.” (Biblia del Oso, 1569)
    “Y entrando el ángel a donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.” (Biblia del Cántaro, 1602)
    “Et ingressus angelus ad eam dixit: Ave gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus.” (Vulgata)
  • La segunda parte, se basa en las palabras que exclamó Elisabeth (Isabel), esposa de Zacarías y pariente de María, al recibir la visita de ésta (la Visitación), también del capítulo 1 de Lucas, versos 41 y 42:
    “Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.” (Coinciden las Biblias del Oso-1569 y del Cántaro-1602)
    “Et factum est, ut audivit salutationem Mariae Elisabeth, exsultavit infans in utero ejus: et repleta est Spiritu Sancto Elisabeth: et exclamavit voce magna, et dixit: Benedicta tu inter mulieres, et benedictus fructus ventris tui.” (Vulgata)
  • La tercera parte, es una adición de la iglesia católica de época muy posterior: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

La versión es que la iglesia fue asistida por el Espíritu Santo, para completar la primera oración a la Virgen.

Severo de Antioquía (465-538) unió ambos pasajes del evangelio de Lucas (1:28 y 41-42) y pasaron diez siglos más para tener la versión definitiva, fijada por el papa Pío V en 1568.

También intervinieron para su terminación —en diversas épocas— Juan Damasceno, Urbano IV y los cartujos, con su “Breviario” de 1350, que incorpora precisamente la tercera parte.

La primera vez que esta oración apareció impresa fue en el año de 1495, en la obra “Esposizione sopra l'Ave Maria”, de Girolamo Savonarola.

Ahora bien, la Iglesia Cristiana-Paulina considera que no deben existir límites para las benditas oraciones, y por tanto, nos alegran mucho las oraciones exaltadas como es el Ave María.

Como toda oración —y en general todo texto— puede sufrir modificaciones por el transcurso de los años o siglos, máxime cuando se copian los textos manualmente, cual es el caso del Antiguo y del Nuevo Testamento, copiados por los amanuenses o escribas hasta mediados del siglo quince, cuando se inventa la imprenta y se publica la Vulgata por Gutenberg en 1456.

Es una tarea compleja dilucidar las palabras exactas de la oración mariana, simplemente porque dos grandes eruditos como son Don Casiodoro de Reina y Don Cipriano de Valera tienen traducciones diferentes de Lucas 1:28, con pequeñas variantes pero son versiones diferentes, lo que indica que jamás se podría tener el sentido original o prístino en las múltiples traducciones.

Mas lo importante es que alcancemos una nota vibratoria de sublime adoración, para que surta efectos realmente la oración debido a nuestra vibración emocional superior...

Tomando en cuenta que la tercera y última parte de la oración es una notoria añadidura al texto del evangelio de Lucas (1:28 y 41-42), y aunque mucho la respetamos, sin embargo cambiamos la expresión “Santa María” por “Virgen María”, porque una Virgen está por encima de la santidad.

En efecto, cualquiera dama cristiana puede alcanzar la santidad, pero no cualquiera puede llegar a ser una Virgen Levítica Coronada, una Cristificada que cumple con Levítico 15, encarnación viva del sefirote Jokmá...

Aquella belleza virginal que está más allá del bien y el mal, afincada en el Fiel de la Balanza, la que ha seguido el camino del centro, sin desviarse ni a derecha ni a izquierda, como dice el sabio Salomón (Proverbios 4:25-27).

Y por tanto, ama por igual a las ovejas (santos) y a los cabritos (pecadores), así como también nos ama nuestro Padre celestial, quien hace salir el Sol para todos nosotros, buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos...

He aquí la oración en español y en latín:

Español
“Dios te salve María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
Virgen María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

Latín:
“Ave María, gratia plena,
Dominus tecum.
Benedicta tu in mulieribus,
et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta [Virgo] Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc et in hora mortis nostrae. Amen.”


6.- ORACIÓN DEL APÓSTOL PABLO

Esta bellísima y profunda oración aparece en la colección de evangelios gnósticos de Nag Hammadi. Es el primero de todos los 53 textos de la colección, precisamente la Portada, lo que demuestra que estos heterodoxos también fueron seguidores del bendito Apóstol Pablo.

Como hemos dicho y reiterado, tomamos lo bueno de ortodoxos, católicos, coptos, protestantes o evangélicos y heterodoxos —pues todos son discípulos del Apóstol Pablo— y dejamos lo malo (1ª Tesalonicenses 5:21). Por tanto, también oramos y nos extasiamos con esta oración heterodoxa gnóstica.

He aquí esta —más que bella, sublime— oración, que presentamos respetuosamente paleografiada:

“... ¡Dame tu luz, dame tu piedad!
Mi redentor, ¡sálvame!, porque soy tuyo: el que ha surgido de ti.
¡Eres mi mente; llévame!
¡Eres mi Templo de tesoros; ábrelo para mí!
¡Eres mi plenitud; condúceme a ti!
¡Eres mi descanso; dame lo perfecto inalcanzable!
Te invoco, el que Eres y que Eras, en el Nombre sobre todo nombre, por Jesucristo, el Señor de señores, el Rey de los siglos...
Dame tus dones —no te arrepentirás— a través del Hijo del hombre, y del Espíritu Santo, el defensor de la Verdad.
Dame la autoridad cuando te la pida; dame salud para mi cuerpo cuando te la pida por los Evangelistas, y salva mi eterna alma luminosa y mi espíritu.
Y el Primogénito del Espíritu o Plenitud de la Gracia, ¡Revélalo a mi mente!
Concédeme lo que ningún ojo de ángel ha visto, ni oído de gobernante ha escuchado, y lo que no ha entrado en corazón humano, y que llegó a ser angelical y modelado a imagen del “Alma de Dios”, cuando fue formado en el principio, pues tengo fe y esperanza...
Y pon sobre mí [como protector] a tu Amado, el Elegido, y la Grandeza bendita, el Primogénito, el Primer existente, y el maravilloso Misterio de tu Templo.
Porque tuyo es el poder y la gloria y la alabanza y la grandeza por siempre. Amén.”


7.- ORACIÓN-MEDITACIÓN PAULINA DE LA AUTO-CORRECCIÓN — PARA NORMALIZAR LA MENTE.

He aquí nuestra sagrada oración, que puede combinarse sabiamente con las meditaciones que se describen en el siguiente capítulo:

“Bendito sea el Padre, bendito sea el Hijo y bendito sea el Espíritu Santo. Bendita sea nuestra Madre Divina y benditos sean los Maestros cristificados...
Ante Dios y ante los hombres reconozco que soy humano y cometo errores...
Y confiando en el cariño de mi Madre Divina, le pido su profundo perdón por todos mis errores y mis faltas.
Y también me perdono sinceramente como su hijo imperfecto que soy, y así me libero del orgullo de creerme superior y no perdonar los errores, ni en mí mismo ni en los demás.
Y perdonando y olvidando mis errores del pasado, miro hacia adelante y sigo su Maternal Camino de corrección, de rectitud espiritual...
El sagrado camino de en medio, recto por el centro, sin desviarme ni a izquierda ni a derecha, como dijo el sabio Salomón... Para que su Hijo el Cristo, sea encarnado en mi corazón.
¡Por piedad, Madre amorosa, rogamos que tu Hijo el Cristo sea formado en nosotros!
Evito el pecado del orgullo de considerarme tan maravilloso que no puedo ni debo cometer errores, y que se rían de mí y quedar en ridículo ante los demás, pues todos somos ridículos y cometemos errores ante la Justicia Divina. ¡Perfecto sólo el Padre celestial!
Y besando los pies del Cristo, le pido su amoroso perdón… y mirando hacia adelante también me perdono, y perdono a los demás de todo corazón...
Y ruego al Padre de todas las Paternidades su bendita gracia y misericordia, para que también mis deudas sean perdonadas.
Me arranco la espina del odio y la venganza que hiere mi corazón y me roba la paz del alma...
Olvido mis rencores y malas voluntades... y perdono a mis agresores y deudores —a los que me la deben— con verdadero amor cristiano, de manera íntima, sinceramente y sin auto-engañarme. El Padre todo lo ve, nada se le escapa...
Y ruego a mi Madre Divina, que destruya con su fuego devorador a las verdaderas causas de mi intranquilidad.
Que reduzca a cenizas esos “sí mismos”, esos “mí mismos” o demonios del orgullo, la ira, el amor propio, la soberbia, la venganza, la envidia, el odio, la mala voluntad, etc.
¡Sean requemados y muertos! ¡Sea recuperada la Luz de las virtudes opuestas! Amén.
Benditos sean mis detractores y los que me odian y aborrecen, pues tristemente quienes buscan el odio no tienen paz en la vida, y son dignos de nuestra mayor compasión cristiana...
En la medida que perdonemos seremos perdonados… ¡Ayúdame Padre sagrado, ayúdame a perdonar! ¡Libérame de la crueldad y la venganza!
¡Ten compasión y dame la paz de la buena voluntad... la paz del corazón tranquilo!
Bendito sea el Padre celestial que nos quiere a todos, buenos y malos por igual...
Y hace salir el sol para los justos y también para nosotros, los pecadores… Que somos llamados al arrepentimiento por su Hijo, el Cristo.
¡Por piedad, Padre amoroso, rogamos que tu Hijo el Cristo sea formado en nosotros!
Así que olvido mis pasadas penas y perdono al mundo su cruel falacia...
Y mejor me refugio en el Dios que adoro, que convierte mi llanto en oro...
Bendito sea el Padre celestial y su Hijo el Cristo, y bendita sea la práctica de su triple Camino de Liberación:
“Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” Amén.
Ayúdame Padre santo para servir a los demás —comenzando por mi familia— sin esperar nada a cambio...
Bendita sea la Misericordia del Padre de todas las Paternidades, que en verdad nos protege de los pensamientos, sentimientos, palabras y obras negativas...
Benditas sean las Jerarquías Divinas que sirven al Altísimo.
¡Su protección invocamos, con mucha veneración y respeto!
Bendito sea el Cristo Jesús,
IESUS, IESUS, IESUS.
IEU, IEU, IEU. [sólo vocales]
S, S, S. [sólo consonantes]
¡Que haya paz en tu Santuario Jerusalem!...
Bendita sea la buena voluntad: “¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!”
Bendito sea el amor del Cristo por los siglos de los siglos... Amén.
Que se cumpla, que se realice, que cristalice, ¡que sea, que sea, que sea! (Padrenuestro) Amén, Amén, Amén.”

Es muy recomendable practicar esta bendita oración a cualquier hora, obviamente, pero en especial antes de dormir, para hacer ejercicios de perdón antes del proceso del sueño.

Y así, cuando logramos la tranquilidad del perdón en nuestros corazones, el Espíritu de Dios puede expresarse en visión de noche, como tantas veces nos relatan los textos sagrados...


8.- SALMOS

Los salmos son fundamentalmente oraciones y alabanzas que se acompañaban con música, costumbre que pervive en el bellísimo rito hebreo hasta la fecha.

Esta costumbre milenaria encierra misterios maravillosos de adoraciones al Altísimo.

Entre otros misterios, está la utilidad práctica, pragmática, de orar los salmos, según la tradición del pueblo de Israel.

Tradición que nosotros también practicamos y transmitimos con mucho gusto, enunciando esos fines prácticos que subyacen en los salmos, basándonos en la recopilación hecha por un clásico sobre la materia, Don Magnus Brunus, quien sintetiza esta profunda y a la vez pragmática tradición:

1 Para la mujer encinta y para parto peligroso.
2 Para los peligros del mar o de la tormenta.
3 Para un severo dolor de cabeza o de espalda.
4 Para tener buena suerte.
5 Para los casos de la corte [o gubernamentales].
6 Para curar las enfermedades de los ojos.
7 Para las situaciones difíciles, para vencer enemigos o tramas contra ti.
8 Para tener éxito en los negocios.
9 Para curar a los niños varones.
10 Para librarse de un espíritu malo.
11 Para vencer el miedo y para la persecución.
12 Para librarse de las influencias de persecución.
13 Para librarse del dolor corporal y de muerte no natural.
14 Para librarse de las calumnias y desconfianzas.
15 Contra la locura o la melancolía.
16 Para descubrir el nombre de un ladrón y para convertir la pena en alegría.
17 Para guardarse seguro de todo mal.
18 Si se está en peligro de ser atacado.
19 Para un confinamiento del feto, demorado y peligroso.
20 Para deshacerse del peligro y del sufrimiento.
21 Para un peligro en el mar.
22 Para apartar todos los infortunios.
23 Para recibir revelación o información por medio de un sueño o de una visión.
24 y 25 Para escapar de los peligros y de las inundaciones.
26 Para aquel que deba servir una prisión severa.
27 Para recibir hospitalidad.
28 Para reconciliarse con un enemigo.
9 Para desterrar un espíritu maligno.
30 Para librarse de todas las ocurrencias del demonio.
31 Para librarse de los vejámenes.
32 Para recibir gracia, amor y misericordia.
33 Para preservar la vida de los infantes.
34 Para que la gente elevada te reciba favorablemente.
35 Para un juicio legal.
36 Contra toda difamación.
37 Para quien ha bebido en exceso.
38 y 39 En caso de que la justicia esté tomando medidas para castigarte.
40 Para librarse de los espíritus malignos.
41 al 43 En caso de que tus enemigos te hayan hecho perder dinero y hayan hecho que los demás te pierdan la confianza.
44 Para asegurarse en contra de los enemigos.
45 y 46 Para hacer la paz entre el esposo y la esposa.
47 Para hacerse amar de sus semejantes.
48 Para infundir terror entre tus enemigos.
49 y 50 Para curar de la fiebre en un miembro de la familia.
51 Para ser perdonado por haber cometido un pecado grave.
52 Para librarse uno mismo de la Calumnia.
53 al 55 Para pedir justo castigo contra enemigos declarados u ocultos.
56 Para librarte de la influencia de la pasión.
57 Para tener éxito en todo lo que emprendas.
58 Para protegerte cuando te ataca un perro rabioso.
59 Para asegurarte contra la posesión del demonio.
60 Para librar a los soldados de los peligros.
61 Para atraer buena suerte a tu casa.
62 Para recibir santas bendiciones.
63 Para salvarse de las molestias y pérdidas de los socios comerciales.
64 Para los que viajan por mar, para estar seguros y librarse de los accidentes.
65 Para tener suerte en todos los asuntos.
66 Para librar de posesión de espíritu maligno.
67 y 68 En caso de prisión estricta y de fiebre causada por un espíritu maligno.
69 y 70 Para libertarse de la esclavitud del apasionamiento y para vencer enemigos.
71 Para obtener el poder de libertar a alguien de una prisión.
72 Para asegurarse para siempre contra la pobreza.
73 Para no tener miedo de que será inducido a negar su fe.
74 Para anular persecución de los enemigos.
75 Para el perdón de los pecados.
76 Para la defensa contra el peligro de fuego y agua.
77 Para no estar expuesto a necesidad o peligro.
78 Para ser amado y respetado por los reyes y Príncipes.
79 Para los enemigos y oponentes.
80 y 81 Para salvar al hombre de ser descreído y de otros errores.
82 Para ayudar al delegado que deba transar negocios.
83 Para librarse de los peligros de la guerra.
84 Para quitarse un mal olor severo o repulsivo.
85 Para reconciliarse con los viejos amigos.
86 a 88 Para obtener mucho provecho y evitar mucho mal.
89 Para curar a un miembro de la familia o a un amigo.
90 Para defenderte si fueras engañado, defraudado o perseguido por un espíritu maligno o fantasma.
91 Para sacar un espíritu maligno, o curar a quien aflija un mal incurable.
92 Para obtener los más altos honores.
93 Para el que tenga un juicio contra un oponente duro e injusto.
94 Contra un enemigo duro, indomable y amargado.
95 Para reparar errores y descreimientos.
96 y 97 Para alcanzar gran regocijo y felicidad para su familia.
98 Para establecer paz y unidad entre las familias.
99 Para el que desea volverse realmente piadoso.
100 Para deshacerse de los enemigos.
101 Para estar seguro contra los espíritus malignos y las personas vengativas.
102 y 103 Para las mujeres estériles.
104 Para destruir el demonio.
105 al 107 Para curar la fiebre.
108 Para bendecir la casa y tener éxito comercial.
109 Contra un enemigo poderoso.
110 Para que enemigos y oponentes pidan hacer las paces.
111 Para adquirir muchos amigos.
112 y 113 Para aumentar el poder y controlar la infidelidad.
114 Para tener éxito en negocio o trabajo.
115 Para disputar asuntos de religión.
116 Para no morir violentamente ni de muerte accidentada.
117 Para encontrar perdón por no cumplir promesas.
118 Para silenciar a los herejes.
119 Para curar dolor desesperante en ambos brazos, en los costados y en las piernas al mismo tiempo.
א Aleph Para curar las extremidades.
ב Beth Salmo Para obtener buena memoria, un corazón abierto, deseo de aprender, y una inteligencia amplia.
ג Gimel Salmo Para curar el ojo herido.
ד Daleth Para curar el ojo izquierdo, o si se encuentra envuelto en un juicio, o si es vejado por un cambio de residencia o de ocupación, o si quiere hacer una decisión ventajosa.
ה He Para no cometer pecado.
ו Vau Para tener poder y jerarquía sobre los sirvientes.
ז Zain Para ayudar al amigo melancólico o regañón o con punzadas en el costado, y para deshacerse de asunto que promete resultados malos.
ח Chet Para curar dolores severos en la parte superior del cuerpo.
ט Teth Para curar molestias en el hígado o en los riñones, o para aliviar el dolor de las caderas.
י Jod Para encontrar gracia y favor ante Dios y los hombres.
כ Caph Para curar el lado derecho de la nariz.
ל Lamed Para obtener audiencia en la corte [o gobierno].
מ Mem Para curar dolor en las extremidades o parálisis en el brazo o en la mano derecha.
נ Nun Para viajar sin peligro.
ס Samech Para pedir favores a un superior.
ע Ain Para curar el brazo izquierdo.
פ Pe Para curar el lado izquierdo de la nariz.
צ Tsaddi Para no hacer una decisión injusta o equivocada.
ק Koph Para curar la pierna izquierda.
ר Resh Para curar el oído derecho.
שׁ Schin Para curar el dolor de cabeza.
ת Tau Para curar el oído izquierdo.
120 Para comparecer ante el juez y viajar por la selva sin peligro.
121 Para a viajar solo de noche sin peligro.
122 Para dirigirse a persona de posición elevada.
123 Para cuando regrese sirviente o jornalero.
124 Para cruzar un río crecido o viajar por agua sin peligro.
125 Para viajar por un país en donde hay enemigos.
126 Para que no le quiten sus hijos.
127 Para proteger al recién nacido.
128 Para proteger a la mujer encinta.
129 Para vivir una vida piadosa y virtuosa.
130 Para pasar los centinelas sin ser visto o molestado.
131 Para controlar el orgullo.
132 Para evitar el perjurio.
133 Para mantener el amor y la amistad y hacer muchos amigos.
134 Para entrar al colegio.
135 Para el que se arrepienta de sus pecados y quiera dedicar su vida a Dios.
136 Para hacer confesión de sus pecados.
137 Para desterrar del corazón el odio y la envidia.
138 Para producir amor y amistad.
139 Para preservar el amor entre los cónyuges.
140 Para quitar el odio de los cónyuges.
141 Para quitar los temores.
142 Para curar dolor de pantorrillas y del brazo.
143 Para curar dolor del brazo.
144 Para curar fractura del brazo.
145 Para alejar a los espantos y espíritus.
146 Para curar heridas.
147 Para curar heridas, mordidas y picaduras de animales venenosos.
148 y 149 Para apagar el fuego.
150 Para ser rezado por todo ser agradecido y temeroso de Dios.

Obviamente, hay algunos aspectos que pueden parecer anacrónicos, sin embargo, se puede buscar la similitud o parecido con circunstancias de los tiempos actuales.

Lo importante es orar los benditos salmos con fe, la que mueve montañas...


9.- ORACIÓN AL ÁNGEL GABRIEL

Desde muy antiguo los israelitas tenían una clave especial o secreta para lograr la reproducción, con la limpieza que exige IEHOVÁ Adonay en Levítico 15, en caso de no tener hijos...

Y aquí la compartimos con mucho gusto:

Conservaban con rectitud sus energías creadoras, “según ciencia” como dice el Apóstol Pedro, y oraban a diario al ángel Gabriel, para que en sueños o “visión de noche” —como tantas veces se menciona en la Biblia— el ángel del Señor manifestara “la anunciación”.

Al efecto, se hacía la oración de Anna, mujer de Elcana, hijo de Jeroham:

“Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.” (1 Samuel 1:11. Reina-Valera antigua, 1602) [→ Para orar el varón, se ajusta el género y sería “tu siervo”...]

Y tanto entonces como ahora, “pedid y se os dará”, y el bendito ángel Gabriel, revela en sueños el día y la hora en que los cónyuges pueden verificar el acto sagrado de la fecundación.

Esta es una concepción con limpieza, bendecida de Jehová Sabaoth, con respeto al Espíritu Santo, y por tanto, traerá la dicha a los hogares...

Si se quiere una niña, se pide una niña, pues “en el pedir está el dar”, como dice el castellano refrán, y se ofrece dedicarla a Jehová todos los días de su vida.

Obviamente, debemos tener fe, como está escrito: “Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21:22)


10.- OTRAS ORACIONES

Siguiendo las huellas del Apóstol Pablo, buscamos su sabiduría en la ortodoxia, ya sea de oriente o de occidente, en nuestros hermanos evangélicos o protestantes y en los heterodoxos, cual es el caso de la muy heterodoxa Oración del Apóstol Pablo y otras más, escondidas en textos y ritos antiguos, también herencia del bendito Apóstol.

Por consiguiente, tenemos oraciones heterodoxas muy elevadas que aquí compartimos:

ORACIÓN DEL PERDÓN.

“¡Tú, Redentor nuestro, perdona cuantos errores hemos cometido y los de aquellos que nos escuchan visible o invisiblemente...!
Para que podamos todos participar del Reino de la Justicia y estar contigo en la inmensidad de la Luz.
¡Bendice y da fuerza a todos cuantos nos siguen, pues cumplen la Ley!
¡Escuchad, Oh Ángeles! ¡Ayudadme Padre de todo lo creado, causa infinita de todo lo existente, y da vida a este tu pueblo!
A cuantos nos siguen, asístelos, y presta a todos el apoyo necesario en todas las ocasiones de la vida, para que se hagan merecedores de tu Santa Gracia.
Nosotros conocemos tu poder… Te conjuramos: ¡Ven! ¡Ven! ¡Ven!
¡Perdona tú todos nuestros errores, alivia todos nuestros males! ¡Amén, Amén, Amén!”


ORACIÓN A LA TRINIDAD.

“¡Ven, Oh Verbo Santo! ¡Ven, Oh Santa Palabra! ¡Ven, Oh Nombre Sagrado de la Fuerza Cristo! ¡Ven, Oh Energía sublime! ¡Ven, Oh Misericordia Divina! ¡Ven, Suprema Realidad del Altísimo!
¡Ven, tú que descubres el velo del Misterio! ¡Ven tú, Madre de los siete centros, que descansas en la armonía de las octavas musicales!
¡Ven tú, que eres antes de que fueran los cinco sentidos; y espíritu, mente, sentimiento y razón!
¡Deja que participemos de tu Santa Gracia, nosotros, los nacidos más tarde!
¡Ven, Santo Aliento, inmaculado soplo, y purifica mis glándulas internas donde el ritmo de mi vida existe!
¡Ven, y encamina mi corazón desorientado para que los puros sentimientos míos broten de esa Santa Fuente! ¡Amén, Amén, Amén!”


CREDO PAULINO.

“Creo en la unidad de Dios, en el Padre como un Ser impersonal, inefable e irrevelado.
Que nadie ha visto, pero cuya fuerza, potencia creadora, ha sido y es plasmada en el ritmo perenne de la creación.
Creo en la Madre Divina, en María, Miriam, o bajo el bendito Nombre que sea, en la fuerza física simbolizando a la Naturaleza, cuya concepción y alumbramiento nos revela la fertilidad de la Naturaleza.
Creo en el misterio de la Madre Celestial y del Espíritu Universal de Vida, bendito Espíritu Santo entre Dios y la criatura.
Creo en una Iglesia Trascendida, Superior, mantenida en las Almas Puras, en las Logias Blancas, representada por la Fraternidad del Cristo, y que tiene su exponente en la Santa y Auténtica Iglesia Cristiana de Sabiduría Paulina, dirigida por Patriarcas, Obispos y Diáconos o Sacerdotes.
Nuestra Ley es: Luz, Amor, Vida, Libertad y Triunfo.
Nuestro lema, nuestra divisa es: VO-LUN-TAD.
Creo en la comunidad de las Almas Purificadas, así como el pan material se transforma en substancia espiritual.
Creo en el Bautismo de la Sabiduría, el cual realiza el milagro de hacernos humanos.
Conozco y reconozco la esencia de mi vida, concebida como una totalidad sin fin cronológico, que abarca una órbita fuera del tiempo y del espacio...
Creo en el Hijo, el Cristo Cósmico, el poderoso Mediador Universal, que enlaza nuestra personalidad física con la esencia suprema del Padre de todas las Paternidades. ¡Amén, Amén, Amén!”


PLEGARIA DE ENOCH (para los tiempos del fin)

“¡Bendito eres tú, Señor, Gran Rey, poderoso en tu majestad, Señor de toda la creación del cielo, Rey de reyes y Dios de todo el mundo!
Tu divinidad, realeza y grandeza permanecen eternamente, y tu poder por todas las generaciones.
Todos los cielos son tu trono eterno, y toda la tierra estrado de tus pies, por los siglos de los siglos.
Pues tú has hecho y posees todo, y ninguna obra te es imposible, y ninguna sabiduría te ha escapado ni se aparta de su sitio, tu trono, ni de tu faz.
Tú sabes, ves y oyes todo, y nada se te oculta, pues todo lo ves.
Ahora [algunos de] tus ángeles celestiales pecan, y tu cólera permanece sobre la raza humana hasta el gran día del juicio.
Ahora, Dios, Señor y Gran Rey, te pido y ruego que atiendas mi súplica, dejándome descendencia sobre la tierra y no exterminando a todo ser humano, ni dejando desnuda la tierra, de modo que sea eterna la ruina.
Ahora, pues, Señor mío, extermina de la tierra a los hombres que te han enojado, pero a los justos y rectos mantenlos para plantel de semilla eterna; no escondas tu rostro a la súplica de tu siervo, Señor. Amén.”


ORACIÓN DE MANASÉS (para el arrepentimiento)

“Señor Todopoderoso, Dios de nuestros padres Abraham, Isaac y Jacob y de su justa descendencia,
que has hecho el cielo y la tierra con todo su universo,
que has encadenado el mar con tu imperiosa palabra, que has cerrado y sellado el abismo con tu temible y glorioso nombre,
ante quien todo se estremece y tiembla por tu poderosa presencia,
porque insoportable es la majestad de tu gloria e irresistible la cólera de tu amenaza contra los pecadores,
pero inmensa e insondable es la piedad de tu promesa;
porque tú eres Señor Altísimo, compasivo, paciente y rico en misericordia, y te lamentas de las maldades de los hombres.
Pues, Tú, Señor, conforme a la generosidad de tu bondad has prometido arrepentimiento y perdón a los que han pecado, y por la abundancia de tu misericordia has fijado penitencia a los pecadores para que se salven;
Tú, en efecto, Señor Dios de los justos, no estableciste penitencia para los justos, para Abrahán, Isaac y Jacob, que no pecaron contra Ti, sino que estableciste penitencia para mí, el pecador;
porque he cometido pecados más numerosos que las arenas del mar; se han multiplicado mis faltas, Señor, se han multiplicado y no soy digno de tender la mirada y ver la altura del cielo a causa de la multitud de mis faltas.
Y ahora, Señor, me encuentro justamente castigado y merecidamente afligido, pues heme aquí cautivo,
doblegado por cadena de hierro demasiado fuerte para poder erguir la cabeza a causa de mis pecados, y no hay alivio para mí porque he irritado tu cólera y el mal ante Ti, pues he obrado al haber establecido abominaciones y multiplicado ultrajes.
Y ahora inclino la rodilla de mi corazón suplicando tu generosidad.
He pecado, Señor, he pecado y yo conozco mis faltas,
pero te pido suplicante: ¡Aparta de mí tu enojo, Señor, aparta de mí tu enojo y no me hagas perecer junto a mis faltas ni, eternamente resentido, me prestes atención a las maldades ni me condenes a los abismos de la tierra! Porque Tú eres, Señor, el Dios de los que se arrepienten,
y en mí mostrarás tu bondad ya que, aún siendo indigno, me salvarás conforme a tu mucha misericordia,
y te alabaré por siempre en los días de mi vida, pues himnos te entona todo el ejército de los cielos y tuya es la gloria por los siglos. Amén.”

* Esta oración fue incluida en la Vulgata, inmediatamente después del 2º libro de Crónicas. Aparece incluida en la Biblia del Oso (1569) y en la Biblia de Ginebra (1560), asimismo aparece en los libros apócrifos de la Biblia King James de 1611. Se atribuye a Manasés, rey de Judá, ejemplo bíblico de arrepentimiento.

* Recordemos respetuosamente las palabras del bendito Apóstol: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (1ª Tesalonicenses 5:16-18)